segunda-feira, 19 de junho de 2017

Fwd: [Bioética e Fé Cristã] Is Fertility Preservation Right for Children With Differences of Sex Development?

CHICAGO -- June 6, 2017 -- Children with differences of sex development (DSD) may face infertility from abnormal development of testes or ovaries, and in some patients these organs are surgically removed to prevent an increased risk of germ cell cancer. With advancing techniques, however, children with DSD may be able to preserve their fertility for the future. This potential also presents important ethical issues, which are examined in an article published in the Journal of the Endocrine Society.

"Our earlier research suggests that in children with DSD, we might be more successful in preserving fertility at younger ages," said senior author Courtney Finlayson, MD, Stanley Manne Children's Research Institute, Ann & Robert H. Lurie Children's Hospital of Chicago, Chicago, Illinois.

"This poses a dilemma in terms of the ideal timing for surgical removal of testes or ovaries for patients who need it," she said. "If we wait until the age of majority, when the patient can give consent, we might miss the opportunity for fertility preservation. And yet we might want to delay the surgery since we must also take into account a person's sense of self as a man or a woman and autonomous decision making. It is a delicate balance."

Fertility preservation techniques involve preserving at very low temperatures the mature or immature tissue from the testes or ovaries. The procedure is still experimental for pre-pubertal patients, since it relies on the development of technologies to mature germ cells in the lab. Given the uncertainty of success, there is concern that these techniques can lead to false hope for patients and parents.
Cost and insurance coverage are additional concerns. Fertility preservation is expensive, ranging from thousands to tens of thousands of dollars. It is rarely covered by insurance and is mostly considered an elective procedure.

"We can make an argument that fertility preservation in children with DSD should be covered by insurance since DSD treatment can cause infertility, which can result in serious psychological distress," said Dr. Finlayson. "Lack of insurance coverage significantly limits access to preserving future fertility in these children."

Because many DSD are genetic conditions that can be inherited, there is also concern about transmission to offspring. Some ethicists argue that it is irresponsible to knowingly have children with a medical condition or disability. On the other hand, advocates assert that people with disabilities can lead happy, productive lives. Furthermore, many with DSD object to their condition being referred to as a disorder or disease. In either case, adults concerned about having children with the same condition could benefit from pre-implantation genetic screening of embryos.

Another ethical consideration revolves around gender dysphoria, or the distress that some individuals with DSD experience when their early sex assignment does not match their eventual gender identity. For example, youth initially assigned male but identifying as female might feel emotional distress at providing sperm for fertility preservation. Also, high-dose oestrogen or testosterone required for fertility preservation can cause irreversible physical changes that are inconsistent with gender identity.

"There are no easy answers to any of these ethical concerns," said Dr. Finlayson. "Fertility-related care for children with DSD is in its infancy. We must carefully consider the unique ethical issues that fertility preservation presents in this population."

SOURCE: Ann & Robert H. Lurie Children's Hospital of Chicago

fonte original: http://dgnews.docguide.com/fertility-preservation-right-children-differences-sex-development?overlay=2&nl_ref=newsletter&pk_campaign=newsletter 


Postado no Bioética e Fé Cristã em 6/19/2017



--

segunda-feira, 22 de maio de 2017

Fwd: [Bioética e Fé Cristã] La complicada bioética en el síndrome de down

 Manuel Ramos Kuri

Hagamos un primer análisis del difícil tema bioético en el diagnóstico prenatal del síndrome de Down (SD). En países con alto nivel económico, la gran mayoría de los fetos diagnosticados con SD son abortados. Este aborto se realiza en estadíos avanzados del embarazo, pues el diagnóstico de SD se realiza durante el segundo trimestre del embarazo, después de la semana 12, cuando se observa la translucencia nucal por ultrasonido[1]. Inclusive en algunos países ya se permite el infanticidio en los recién nacidos con SD no diagnosticados en período prenatal .

Opiniones a favor del aborto selectivo de los pacientes con el síndrome de Down. La Dra. Asch, especialista en bioética de la discriminación hacia los discapacitados, comenta: "Algunas voces de genetistas, colaboradores del Proyecto Genoma Humano, bioeticistas y de varios campos científicos, argumentan que en un mundo de recursos limitados, podemos disminuir los gastos relacionados con la discapacidad si todos los fetos diagnosticados con discapacidad fetal se les practica aborto" (Asch A. 2002, Shaw, 1984).

El mismo James Watson, de sobra conocido por su trabajo en el descubrimiento de la estructura del ADN, ha llegado a afirmar que "… la perspectiva que ve la cara positiva de la discapacidad es como la exaltación de las virtudes de la pobreza extrema. Hay muchos individuos que indudablemente logran elevarse de una situación social denigrante. Pero quizás nosotros debemos ser más realistas, y debemos ver la discapacidad como el principal origen del comportamiento antisocial" (Watson, 1996, p.19).

Problemas bioéticos relacionados con el Down. El primer problema que enfrentan los pacientes con SD, son los pobres avances en el tratamiento de la enfermedad, que aún no cuenta con ninguna terapia específica. Existen terapias para algunas alteraciones del SD: cirugía para las malformaciones cardiacas y quimioterapia para las leucemias, pero no son específicas para el síndrome. Y por si fuera poco, la tecnología se utiliza no para curar sino para eliminar a los pacientes, como comenta el Dr. Smitha Nizar: "Paradójicamente vivimos en un mundo donde la tecnología médica avanzadas se utiliza no para maximizar la vida de las personas con discapacidad, sino para prevenir su nacimiento, por medio de la terminación de la vida de los fetos diagnosticados con discapacidad" (Nizar S, 2011). Este fenómeno (la eliminación de los discapacitados y no su tratamiento) lo observamos tanto en el SD como con la mayoría de las enfermedades genéticas, y paradójicamente es justo los países con mayores recursos económicos y tecnológicos, donde suelen aplicarse de manera masiva esta política.
La Doctora Adrienne Asch, quien ella misma sufre de discapacidad visual (amaurosis), hace notar que la mayoría de los supuestos límites y problemas asociados con discapacidad son impuestos por la sociedad y no por la biología (o limitaciones) de la propia enfermedad. "Existen aún grandes brechas en educación, empleo, salarios y participación social entre las personas con discapacidad y las que no la tienen" (Asch A, 2002).

También el Dr. Nizar hace notar la discriminación que sufren los discapacitados durante la etapa pre-natal: "La perspectiva desde los derechos humanos de los discapacitados, muestra que estas leyes, políticas y programas niegan a las personas con discapacidad el derecho a la vida y por lo tanto hay una discriminación contra ellos, violando inclusive la "Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad" (Nizar S 2011). Varias características de la discriminación a los pacientes con enfermedad genética, hace que varios investigadores, e inclusive la mismas comunidades de discapacitados, la cataloguen dentro de la categoría de genocidio genético (Miller PS et al. 2013).[2]

Juicios exagerados sobre los pacientes con el SD. Es importante mencionar que los juicios sobre la incapacidad de los pacientes con SD suele exagerarse, cada vez es más claro que los pacientes con SD tienen mayor capacidad intelectual de lo que se pensaba: algunos hablan dos idiomas, pueden tocar instrumentos musicales, o han estudiado una carrera universitaria y la mayoría pueden lograr realizar trabajos técnicos de tipo manual y repetitivo, como panadería o repostería. La mayoría de niños con Down, son personas felices, que hacen felices a los que les rodean, por lo que se requiere mayor apoyo por parte de la sociedad para enfermos con SD.

leia o restante em http://bioeticaefecrista.blogspot.com.br/2017/05/la-complicada-bioetica-en-el-sindrome.html


--
Postado no Bioética e Fé Cristã em 5/22/2017

segunda-feira, 8 de maio de 2017

Fwd: [Bioética e Fé Cristã] Filósofo propõe reduzir a estatura das pessoas para lutar contra a mudança climática


"Podemos oferecer a opção de ter um filho alto ou dois filhos de tamanho médio"

O filósofo Matthew Liao, de 45 anos, costuma iniciar suas palestras com uma frase chocante: "Sou absolutamente contra qualquer forma de coação, como as que os nazistas perpetraram no passado". E Liao precisa esclarecer isso porque muitas das ideias que coloca sobre a mesa são absolutamente originais e polêmicas. Nascido em Taiwan e emigrado quando criança para os Estados Unidos, ele propõe a "engenharia humana": a modificação biomédica das pessoas para lutar contra a mudança climática. Sugere, por exemplo, reduzir a estatura dos futuros cidadãos. Para isso, bastaria recorrer a um diagnóstico genético pré-implantacional, já empregado nas clínicas de fertilidade para detectar embriões com doenças genéticas. Os pais fariam isso voluntariamente. Reduzir em 15 centímetros a estatura média dos norte-americanos significaria uma redução de mais de 15% na energia necessária para viver, relata Liao em The Next Step: Exponential Life (O Próximo Passo: Vida Exponencial"), um novo livro da iniciativa OpenMind, do BBVA, que analisa as implicações da atual revolução tecnológica. Liao não é um charlatão. Trata-se do diretor do Centro da Bioética da Universidade de Nova York, a instituição com o departamento de Filosofia mais bem avaliado do mundo. Seu trabalho, sustenta, é "pensar com originalidade". O tempo dirá se é um visionário ou só um autor involuntário de ficção científica.

Pergunta. No Festival de Ideias Perigosas, realizado m 2012 na cidade australiana de Sydney, você propôs tornar os humanos menores. Acha que é realmente uma ideia perigosa?
Resposta. Não acredito que seja uma ideia perigosa, acho que poderíamos levá-la a cabo de maneira segura. Já há maneiras de termos crianças menores. Por exemplo, através do diagnóstico genético pré-implantacional. Agora se ouvem vozes que dizem que talvez necessitemos de algo similar à política chinesa do filho único. É muito restritivo a alguns pais que só podem ter um filho. Nesse contexto, se queremos reduzir as emissões de gases do efeito estufa, podemos dar às pessoas a opção de ter um filho grande ou dois de tamanho médio, ou três menores.

P. Você não propõe isso como brincadeira.
R. Não, não é uma piada. Sou filósofo, então tudo é condicional. Se você vai exigir às pessoas que só tenham um filho, então é melhor permitir que tenham mais crianças, mas de tamanhos diferentes.

"Precisamos assegurar que haja um limite mínimo de altura"

P. É ético que os pais tomem decisões irreversíveis sobre seus filhos?
R. Em filosofia, o chamado problema da não-identidade propõe que, se você tiver dois embriões e pegar o menor, esse pequeno na verdade não poderá se queixar da decisão dos seus pais, porque se tivessem apanhado o outro ele não existiria. Nesse sentido, o pequeno se beneficia da decisão de seus pais. A decisão não prejudica a criança. E, por outro lado, é preciso pensar nas consequências ambientais. Na China, a poluição é tão horrível que às vezes você não consegue enxergar as pessoas que estão na sua frente. Se você for uma criança que cresce nessas sociedades, vai ter problemas de saúde. E a criança se beneficiará também ao criar um ambiente mais limpo.

P. Você propõe incentivos fiscais ou seguro médico gratuito para as famílias que escolherem ter filhos de menor estatura. Isso só interessaria às pessoas mais pobres. Teríamos ricos altos e pobres mais baixos.
R. Isso é um problema. Precisamos garantir que haja um limite mínimo de altura. Não seria permitido que as pessoas pobres escolhessem ter filhos abaixo desse limite, porque para eles seria uma situação ainda mais desvantajosa. Deveríamos assegurar que houvesse um certo grau de igualdade. Em filosofia, há uma teoria que diz que devemos nos assegurar de que todos tenham o suficiente, sejam ricos ou pobres. E as pessoas pobres estariam numa grande desvantagem se permitirmos que sejam muito mais baixas. Não devemos permitir isso.

P. Você tem dois filhos, um bom salário e não necessita de incentivos econômicos. Se vier a ter outro filho dentro de 20 anos, escolheria que fosse mais baixo só por causa de uma postura ética contra a mudança climática?
R. Depende da seriedade com que você queira encarar o problema da mudança climática. E outra questão é que será preciso pensar em quanta gente mais fará isso. Se for só seu filho e o de mais ninguém, não terá muito efeito. Mas, além disso, há um par de razões pelas quais ser baixo na verdade é bom. Quantas pessoas de mais de 100 anos são muito altas? Pouquíssimas. As pessoas altas tendem a morrer muito antes, porque têm doenças cardiovasculares, têm problemas nos ossos. Em média, as pessoas um pouco mais baixas vivem mais.

"Quantas pessoas de mais de 100 anos são muito altas? Pouquíssimas"

P. Qual é a outra razão?
R. Outro aspecto é que, por exemplo, a NASA está pensando em colonizar Marte. Pensemos na quantidade de recursos necessários para transportar uma pessoa mais alta em vez de uma menor a Marte. Na quarta-feira voei de Nova York a Madri, e os aviões estão cada vez menores. É muito melhor ser menor. Nossa sociedade tem o que eu chamo de viés do status quo. Pensamos que a altura que temos agora é a ideal, mas, se você recua um século, as pessoas eram em média 15 centímetros mais baixas, mas isso não afetava suas habilidades cognitivas. A ideia não é que necessariamente tenhamos que tornar as pessoas mais baixas, mas com a engenharia humana há todo um grupo de soluções nas quais não pensamos. Algumas pessoas não acreditam na mudança climática. Se não acreditam, até a reciclagem lhes parecerá uma reação exagerada a um problema que não existe. Só no contexto de levar muito a sério a mudança climática, e pensar que devemos fazer algo, estas ideias farão sentido. Não estou sugerindo que precisamos tornar as pessoas mais baixas, mas sim que há um espaço teórico que devemos explorar.

P. Pode-se pensar que sua proposta é discriminatória com as pessoas altas. Por que não evitar a obesidade, pelo seu mesmo raciocínio?
R. Há muita controvérsia no tema do peso. Sou dos EUA, e lá as pessoas tendem a comer mais. Acredito que ao longo do tempo isso é realmente ruim para a saúde. Já não falamos de tamanho, mas sim de quanto deveria pesar com sua altura para estar saudável. Não me quero meter no tema do peso. A altura vem determinada em boa medida pela genética, ao passo que o peso depende do que se come. Centrar-se na altura não tem por que discriminar as pessoas altas. É só uma opção, outra maneira de combater a mudança climática. Não é uma obrigação. Pensemos nos restaurantes vegetarianos. São discriminatórios para as pessoas que comem carne? Não, porque há inúmeras opções de restaurantes que servem carne. Trata-se de dar às pessoas uma opção a mais: poder ter filhos de menor estatura, sabendo que isso terá um efeito no clima.

ler restante em http://bioeticaefecrista.blogspot.com.br/2017/05/filosofo-propoe-reduzir-estatura-das.html



Postado no Bioética e Fé Cristã em 5/08/2017

segunda-feira, 17 de abril de 2017

Fwd: [Bioética e Fé Cristã] Suicídio assistido - uma visão

My speech to the New Zealand Parliament Health Select Committee on Assisted Suicide 
I have just given oral evidence on behalf of Care Not Killing to the New Zealand Parliament's Health Select Committee on assisted suicide.

The committee has received a petition requesting, 'That the House of Representatives investigate fully public attitudes towards the introduction of legislation which would permit medically-assisted dying in the event of a terminal illness or an irreversible condition which makes life unbearable.'

The petition asks for a change to existing law. Therefore the committee is undertaking an investigation into ending one's life in New Zealand focusing on four main questions:
1. The factors that contribute to the desire to end one's life.
2. The effectiveness of services and support available to those who desire to end their own lives.
3. The attitudes of New Zealanders towards the ending of one's life and the current legal situation.
4. International experiences. The committee will seek to hear from all interested groups and individuals.

Here is what I said:

Thank you for this opportunity to give evidence to the select committee.

I represent Care Not Killing which is a UK alliance of about 40 organisations spanning healthcare, law, disability rights, education and faith groups which in turn represent several hundred thousand people. We were established in 2005 and seek to promote better palliative care and ensure that existing laws against euthanasia and assisted suicide are not weakened or repealed.

I'm a New Zealand citizen but have lived in the UK for 28 years.

I trained in medicine in Auckland and specialised in general surgery and my day job here is as the chief executive of one of CNK's 40 member groups, the Christian Medical Fellowship, which itself has over 5,000 medically qualified members.
I've been campaigning against the legalisation of assisted suicide and euthanasia for 12 years during which time we've had 10 attempts to change the law through British Parliaments all of which have failed.

I've also got skin in the game. My grandfather died from an aggressive cancer with spinal secondaries with pain that was very difficult to control and my father died from a very rapidly progressive dementia, both in Auckland. I've just been back to NZ with my wife over Christmas to place her elderly parents, both retired doctors aged 91 and 89, with dementia and Parkinson's respectively, into an excellent private hospital in Auckland.

So my interest is professional and political but also personal.

The most recent attempt to change the law in Britain was in September 2015, when the Marris Bill, which attempted to legalise assisted suicide for the terminally ill, was defeated in the House of Commons by a 3 to 1 margin - 330 votes to 118.
MPs dealt the bill a resounding defeat largely driven by concerns about the risks it posed to vulnerable people who would have felt under pressure to end their lives.

A majority of both Conservative and Labour MPs voted against the bill. This is hugely significant as it signals that assisted suicide is not a simple left/right political issue here. In fact suicide prevention and protection of vulnerable people from exploitation and abuse resonate strongly with left of centre politicians because of their concern for disabled people's groups and for those less able to access good healthcare.

Our case against the legalisation of assisted suicide and euthanasia is that it is dangerous, uncontrollable and unnecessary.
It's dangerous because any law allowing it will inevitably place pressure on vulnerable people to end their lives in fear of being a burden upon relatives, carers or a state that is short of resources.

Especially vulnerable are those who are elderly, disabled, sick or mentally ill. The right to die can so easily become the duty to die.

It's uncontrollable because any law allowing it will be subject to incremental extension. We've seen in jurisdictions like Belgium and the Netherlands that over time you see a shift from terminal conditions to chronic conditions, from physical illnesses to mental illnesses and from adults to children.

The essential problem is that the two major arguments for euthanasia - that is, autonomy and compassion - can be applied to a very wide range of people. This means that any law which attempts to limit it, for arguments sake to mentally competent people who are terminally ill, will in time be open to challenge under equality legislation.

It is unnecessary because requests for euthanasia or assisted suicide are extremely rare when people's physical, social, psychological and spiritual needs are adequately met. In other words, you should kill the pain not the patient. Britain was recently ranked number one in palliative care in the Economist magazine. But we still have some way to go in making this high-quality palliative care fully accessible to all.

So, in summary the best law is one like New Zealand and Britain's current law,  that gives blanket prohibition on all assisted suicide and euthanasia. This will deter exploitation and abuse through the penalties that it holds in reserve, but at the same time give some discretion to prosecutors and judges to temper justice with mercy in hard cases. The current law has both a stern face and a kind heart and does not need changing. We have an aphorism in surgery, if it ain't broke, don't fix it.

Leaving the law as it is will mean that some people who desperately wish help to end their lives will not have access to such a service. But part of living in a free democratic society is that we recognise that personal autonomy is not absolute. That's precisely why we have laws. We must not allow so-called freedoms which will at the same time undermine or endanger the reasonable freedoms of others. And one of the primary roles of government is to protect the most vulnerable even sometimes at the expense of not giving liberties to the desperate.

I wanted, finally, to make some brief comments about the four questions raised by the consultation.

First, on factors that contribute to the desire to end one's life, we know that 90% of those who commit suicide suffer from some form of mental illness including depression, bipolar disorder,

borderline personality disorder and alcohol and drug misuse. We know that in Oregon, in 2013 despite 26% of assisted suicide cases meeting the clinical criteria for depression, less than 3% of them had a psychiatric assessment.

But even more striking was the fact that most people making use of Oregon's death with dignity act in 2016 - the figures came out just three weeks ago - cited existential or spiritual symptoms as their reason. 89.5% cited loss of autonomy, an identical percentage cited being less able to engage in activities making life enjoyable and 65% loss of dignity. Pain, or even concern about it, did not feature in the top five.

More worryingly 48.9% cited being a burden on family, friends or caregivers. The equivalent figure in neighbouring Washington state the year before was 52%. I would submit that it is an abuse of medicine to treat fear of the future or loss of meaning and hope with lethal injections or draughts of barbiturates. The best response to existential suffering is to do all we can to restore hope and allay fear by caring for the needs of the whole person.

Second, in terms of the effectiveness of services and support available to those who might wish to end their own lives, people contemplating death from a progressive terminal illness will understandably experience fear and anxiety and may in rare cases consider suicide.

These fears can be heightened by high-profile media cases, especially those involving celebrities – we call it suicide contagion or the Werther effect. But we know that only a very tiny minority have persistent ongoing death requests once they have experienced what proper support and good palliative care can offer. Rob George, former president of the Association for palliative medicine in Britain said that after a lifetime of managing over 20,000 dying patients, he could count on the fingers of one hand those who still wanted assisted suicide or euthanasia after receiving good palliative care.
This is why every Royal Medical College in Britain along with the British Medical Association is opposed to any change in the law. And those who are closest to the dying patient, namely geriatricians and those in palliative medicine, are most opposed for two main reasons. They know how to treat the symptoms of dying people effectively, and they understand the vulnerability of dying patients better than anyone else.

Third, with respect to the attitude of New Zealanders to change the law, in most Western countries approximately three out of four will be in favour of legalisation in opinion polls depending on how the question is framed. However, these opinions tend to be reflex rather than considered and largely uninformed about the complexities involved. Our experience in Britain has been that when legislators have been able to consider the arguments carefully they have invariably opted not to legalise.
Strikingly, when ordinary people are given the arguments against they too will change their minds. In 2014, 73% of the general public was supportive of Lord Falconer's assisted dying bill. However, this reduced to 43% once they heard the five major arguments against it. These were:
  1. people may feel pressurised to end their life so as not to burden loved ones
  2. there's been a steady rise in assisted suicide in places where it has been legalised
  3. end-of-life care may worsen, given its cost, as against of lethal drugs
  4. major disability rights groups oppose a change in the law
  5. the majority of doctors oppose it including the BMA and Royal College of GPs
Finally, with respect to international experiences of legalisation the frightening consequences in Belgium and the Netherlands are well-publicised and well known and played a major role in convincing British legislators. Every year, with each new report from Belgium or Holland, our job gets easier. The recent story of a female Dutch doctor drugging the coffee of a patient with dementia and then asking her family to hold her down as she fought while being given a lethal injection, is a poignant case in point.

But I want to draw your attention to what's happening in a jurisdiction with far more modest legislation. And to this end we will send you a copy of our brochure "don't make Oregon's mistake" as supplementary evidence.

·        In Oregon there's been a steady increase in annual numbers of people undergoing assisted suicide -more than 500% over 19 years.
·        The Oregon health department is funding assisted suicide but not treatment for some cancer patients
·        Patients are living for in some cases many years after having been prescribed lethal drugs showing that the eligibility criteria for terminal illness are being stretched
·        the vast majority of those choosing to kill themselves are doing so for existential reasons large rather than on the basis of real medical symptoms
·        many give "fear of being a burden on others" as the reason for ending their lives
·        fewer than one in 20 patients are being referred for formal psychiatric or psychological evaluation
·        a substantial number of patients dying under the Oregon act do not have terminal illnesses
·        some doctors know the patient for less than a week before prescribing the lethal drugs.

We would urge the New Zealand Parliament if it comes to consider legislation on this issue, not to proceed with it but rather to focus on suicide prevention and on providing better care and support.

Thank you very much for your time.

Postado no Bioética e Fé Cristã em 4/17/2017

segunda-feira, 20 de fevereiro de 2017

Fwd: [Bioética e Fé Cristã] Ética em pesquisa com crianças e adolescentes: à procura de normas e diretrizes virtuosas

Crianças e adolescentes foram vítimas da ciência em pesquisas clínicas por grande período da história da humanidade. Quando a sociedade, diante dos horrores das pesquisas realizadas durante a Segunda Guerra Mundial, adotou o Código de Nüremberg, crianças e adolescentes foram excluídas das pesquisas por não terem competência para dar seu consentimento autônomo, exigência pétrea desse código, o que resultou em orfandade terapêutica para muitos agravos em sua saúde. Os que cuidam de crianças e adolescentes foram postos diante de um dilema: por um lado, defendiam a proteção especial para esse grupo; por outro, trabalhavam para não excluí-los dos potenciais benefícios oferecidos pelos avanços em ciência e tecnologia. Iniciou-se, então, um exercício para balancear os princípios em conflito, com a elaboração de normas e dire­trizes de proteção especial. Discorrer sobre elas é o objetivo deste artigo. 

segunda-feira, 13 de fevereiro de 2017

Fwd: [Bioética e Fé Cristã] Nuances e desafios do erro médico no Brasil: as vítimas e seus olhares

Custodio EM (edamc@cebinet.com.br)


O erro médico refere-se a circunstância que atinge a pessoa em decorrência de atuação médica baseada em atitude imprudente, negligente ou imperita. No Brasil tem crescido o número de casos, mas a discussão a respeito da vítima é quase inexistente. Este trabalho buscou delinear a perspectiva da vítima de erro médico. Utilizando uma entrevista semiestruturada, foi possível conhecer as experiências das vítimas e perceber de que maneira enfrentaram os desafios impostos. Observou-se a perplexidade ao descobrir-se vítima, e a dificuldade em aceitar-se como tal. As mudanças impostas pelo erro acarretaram transformações comportamentais e de atitudes, como a falta de confiança nos profissionais médicos. Sofrimento e sentimentos negativos passam a fazer parte da vivência dessas pessoas. Dessa maneira, é necessário criar estratégias que permitam auxílio e cuidado da saúde mental das pessoas envolvidas com o erro médico.




Postado no Bioética e Fé Cristã em 2/13/2017

segunda-feira, 6 de fevereiro de 2017

Aliança Evangélica Mundial faz Apelo para Receber Refugiados

À luz dos recentes desdobramentos da contínua crise global relacionada aos refugiados, a Aliança Evangélica Mundial (WEA) faz a seguinte convocação para que sejam dadas boas vindas aos refugiados:
 
Afirmamos de todo o coração o ensino claro das Sagradas Escrituras, que o povo de Deus é chamado por Deus a “amar” e “dar as boas vindas” ao estrangeiro e forasteiro (Levítico 19.33,34; Mateus 25:34-36).
 
Por isso convidamos o corpo de Cristo ao redor do mundo a refletir o coração de Deus e amar ativamente, recebendo refugiados.
Convocamos líderes cristãos e pastores a aprofundar sua compreensão bíblica sobre este deslocamento forçado e a ministrar intencionalmente, buscando criar espaço em seus corações e mentes para estas pessoas.
 
Convocamos os cristãos de todos os lugares a seguir uma perspectiva baseada na Bíblia sobre deslocamento forçado e a buscar ativamente o bem-estar dos refugiados.
Reconhecendo que esta crise está colocando muita pressão sobre governos, convocamos os cristãos a orar por sabedoria para os líderes governamentais envolvidos na criação de políticas relacionadas aos refugiados.
 
Afirmamos o artigo 14 da Declaração Universal dos Direitos Humanos1 que declara:
“Todos tem o direito de procurar e de receber asilo de perseguição em outros países”;
afirmamos o preâmbulo da Convenção e do Protocolo Relacionado ao Estatuto dos Refugiados2 em que está escrito:
“Considerando que a concessão de asilo pode colocar cargas demasiadamente pesadas em certos países, e que uma solução satisfatória para a solução do problema do qual as Nações Unidas reconheceram a dimensão e natureza internacional, essa não pode ser alcançada sem a cooperação internacional”;
ainda afirmamos o Artigo 3 da Convenção no qual se declara:
“Os Estados Contratantes devem aplicar as provisões dessa Convenção a refugiados, sem discriminação de raça, religião ou país de origem”.
Apelamos aos governos das nações que assinaram esses compromissos para claramente honrar esses acordos internacionais enquanto respondem aos desafios e pressões da crise global de refugiados.
 
Assinado:
Bispo Efraim Tendero, Secretário Geral da WEA;
Comissária Christine MacMillan, Secretária Geral Adjunta para Envolvimento Público, que dirige a Força Tarefa para Refugiados da WEA;
Tom Albinson, Embaixador da WEA para Refugiados, Deslocados e Pessoas sem Pátria.
 
1 UN Universal Declaration of Human Rights
2 UNHCR Convention and Protocol Relating to the Status of Refugees